Demimurga en el Teatro de Verano. Araca la Cana en actuación. ¡La Leti bajando del escenario! y Los curtidores de hongos de maquillaje.
Murgas hay varias, pero esta expresión montevideana es un encuentro de orígenes y lenguajes, como dice Marita Fornaro en este artículo para la revista Trans. El tipo de conjunto identificado como murga surge en el ámbito del Carnaval de Montevideo, capital del país, a fines del siglo XIX. Se desarrolla durante todo el siglo XX, adquiriendo los caracteres de teatro popular y de género polifónico masculino. Hoy es una de las expresiones de la cultura y la música popular con mayor poder identificatorio y que desarrolla sentido de pertenencia en importantes sectores populares. Esta representatividad tiene que ver con su carácter de expresión grupal, que combina un fuerte mensaje verbal, con el uso de músicas ya popularizadas, a través del recurso conocido como contrafactum; con el humor carnavalesco, en especial la intención de sátira y con su marcada vinculación con los acontecimientos sociopolíticos del país.
El país de la murga El país en el que surgió y se multiplicó la manifestación dramático-musical que nos ocupa, formado con el aporte migratorio predominantemente español e italiano, entró en el siglo XX regido por los principios de política económica y social llevados a la práctica por el Presidente José Batlle y Ordóñez y su partido, el cual gobernó Uruguay durante la mayor parte de la primera mitad de este siglo. Batlle, líder histórico de uno de los dos partidos tradicionales –espectro político modificado en la última década con el triunfo del Frente Amplio, coalición de izquierda que actualmente gobierna en Montevideo– concibió a principios del siglo una estructura sociopolítica que incluía el voto universal, leyes para la previsión social basadas en el principio de la solidaridad y la concepción del Estado laico. La modernización desarrollada por el batllismo, asociada a una prosperidad económica que sobrevino a partir de la demanda de la carne vacuna uruguaya durante las dos guerras mundiales, llevó a gobernantes y gobernados a confiar en el modelo que para muchos llegó a ser «la Suiza de América», denominación que hasta hoy se puede encontrar en alguna publicación periodística de América Latina. Este imaginario se sostuvo tomando a Suiza como paradigma de estado democrático europeo ejemplar. Eran los tiempos en que Suiza representaba para los uruguayos un país pequeño, pacífico, estable, neutral, productor de tecnología de precisión. También hay que tener en cuenta que esta «copia» latinoamericana se consiguió en buena parte gracias al exterminio de sus pueblos indígenas a mediados del siglo XIX. Paradójicamente, el complejo y contradictorio imaginario colectivo uruguayo alaba la fuerza de su seleccionado de fútbol, atribuyendo sus triunfos internacionales al empuje que le otorga la «garra charrúa», frase que recuerda la sufrida resistencia de este grupo indígena a su extinción en la década de 1830. El Uruguay triunfante como modelo de país está siempre ejemplarizado en sus triunfos futbolísticos conseguidos en la primera mitad de este siglo: campeón olímpico en 1924 y 1928 en Colombes y Amsterdam y campeón mundial de fútbol en 1930 y 1950 en Montevideo y Maracaná, Brasil. Las menciones a Maracaná como momento máximo del Uruguay «de las vacas gordas» persisten hasta hoy como alusiones a una especie de «tiempo edénico», actitud que provoca fuerte rechazo en las generaciones más jóvenes. Este país idealizado, resumido en el refrán «como el Uruguay no hay» puede ejemplarizarse con el texto de uno de los contrafacta más famosos de una murga uruguaya, cantado sobre la melodía del tango «La brisa» de Francisco y Juan Canaro, y conocido por todos los uruguayos: Uruguayos campeones, de América y el mundo esforzados atletas que acaban de triunfar los clarines que dieron las dianas en Colombes más allá de los Andes volvieron a sonar... (Texto de Omar Odriozola, Murga «Patos Cabreros», 1927) Sin embargo, a partir de 1950 Uruguay comenzó a vivir de los recuerdos de esta etapa de glorias deportivas y «vacas gordas». El imaginario colectivo continúa rememorando esta etapa de su historia como si se tratara de un relato mítico cuya repetición permitirá el retorno de la prosperidad y los éxitos deportivos del pasado. La «Suiza de América» de los años 50 va transformándose con rapidez en el «paisito» –diminutivo con el que se alude al país, sobre todo por los sectores de izquierda– del imaginario actual. El país con una moneda más fuerte que el dólar, ubicado en primer lugar de América latina por la calidad de su enseñanza pública, su índice mínimo de analfabetismo y su ejemplar modelo de previsión social, comenzó a derrumbarse cuando entre otros factores económicos, las exportaciones de carne se vieron perjudicadas por las políticas proteccionistas de los clientes europeos. La economía se desestabilizó, la inflación aumentó de manera descontrolada y comenzó a generarse la deuda externa; para muchos analistas este fue el inicio de la «latinoamericanización» de Uruguay. En la década de 1960, el malestar social aumentó de forma sensible al iniciarse un proceso de pauperización y marginalidad sin precedentes en la historia del país. Surgió la guerrilla urbana al frente de la cual aparece el Movimiento de Liberación Nacional «Tupamaros», movimiento que se constituyó en modelo de este tipo de acción en América Latina. En 1973 un golpe de estado inició la dictadura que se prolongó hasta 1985. Durante este período se encarceló y desaparecieron cientos de obreros e intelectuales, se destituyó a miles de funcionarios públicos, se intervino la Universidad estatal. La persecución política y la crisis económica aceleraron el proceso de emigración que se había iniciado a mediados de la década de 1960. Los exiliados políticos y económicos se establecieron en México, Suecia, España, Australia, Estados Unidos. La corriente migratoria cambió de sentido: en la segunda mitad del siglo XX un 25% de los uruguayos vive fuera de su país. Una canción, también con ritmo de murga, del cantautor Jaime Roos recurre otra vez al tema del fútbol para ironizar sobre esta inversión de destinos. Las ciudades de Colombes y Amsterdam, en las que Uruguay se consagró campeón olímpico –nombres que todo uruguayo conoce, y que son recordados en las designaciones de las tribunas del estadio de fútbol de la capital– pasaron a ser destinos del problemático exilio: Uruguayos, uruguayos, dónde fueron a parar por los barrios más remotos de Colombes o Amsterdam Antes éramos campeones les íbamos a ganar hoy somos los sinvergüenzas que caen a picotear. Trabajador inmigrante es la nueva profesión al que agarran sin papeles lo fletan en un avión. Ayer recibí una carta directa de Nueva York de mi amigo el Horacio trabaja de soldador. Ahora tiene colachata alfombra y calefacción parece cosa de locos le va cada vez peor. Extraña la gente nuestra que te hable sin despreciar extraña el aire del puerto cuando anuncia el temporal. Y sin embargo recuerda las cosas por la mitad se olvida las que pasaba antes de irse para allá. Volver no tiene sentido tampoco vivir allí el que se fue no es tan vivo el que se fue no es tan gil. («Los Olímpicos», Jaime Roos) Hoy, a casi quince años de la restauración del gobierno democrático, el país reelabora su propia imagen sin los entusiasmos solidarios de la época de fines de la dictadura y restauración del gobierno democrático, enfrentado a una realidad socioeconómica ya plenamente latinoamericana. Se desarrolla un fuerte «imaginario pesimista», que aparece brutalmente expuesto en un texto de la «Antimurga BCG», en su Retirada del Carnaval 1998: Uruguayos, sangre coagulada la derrota es nuestra vocación no ganamos ya ni a la payana de la garra nos queda el muñón. (Retirada 1998. Letrista: Jorge Esmoris) La murga: El mito de los origenes La investigación de la murga en Uruguay es un ejemplo de las aseveraciones con carácter de «verdad indiscutida» que pueden repetirse en la producción científica y periodística sin que susciten dudas, pues no sólo la escasa bibliografía científica sobre el tema, sino que también, cada año –con un carácter cíclico propio del carnaval– la prensa repite la anécdota de la «primera murga» que actuó en Montevideo en la primera década del siglo, «La Gaditana», y las «rápidas copias» uruguayas surgidas en los años siguientes (Capagorry y Domínguez, 1984:7; Diverso, 1989:23). En realidad, en la prensa de finales del siglo XIX aparecen varias referencias a conjuntos murgueros. Por otra parte, deben tenerse en cuenta los elementos existentes en la vida musical y teatral del Montevideo de comienzos de siglo que constituyen el contexto de la murga tomada como un texto integral compuesto de diversidad de códigos. Es indudable el parentesco de las murgas tempranas con otras expresiones dramático-musicales de notable popularidad en los años del cambio de siglo. En folletería de la primera década aparecen abundantes ejemplos. Así, la Librería y Papelería «La Anticuaria» ofrecía en 1905 sus ediciones de sainetes, «juguetes cómicos» y «cómico-líricos», comedias, dramas criollos –incluyendo «varias zarzuelas criollas», monólogos y diálogos en verso. Los pliegos sueltos y los librillos con ediciones de los textos de estas obras, o del repertorio de murgas y otras agrupaciones carnavalescas –algunas de marcado carácter español, como las rondallas, término que se aplicaba a pequeños grupos que ejecutaban instrumentos de pulso y púa– son muy abundantes. Por otra parte, la afirmación popular «la murga vino de Cádiz», no había motivado hasta el comienzo de este proyecto ningún tipo de investigación, y, a nivel de los «especialistas» del ámbito murguero no trae aparejada una conciencia de origen andaluz. De las entrevistas a informantes de diversa relación con esta manifestación surge una imagen de Cádiz como una especie de «paraíso carnavalesco», lugar de origen poco conocido, como lo son también, salvo escasas excepciones, las diversas manifestaciones de su Carnaval. Se desconoce totalmente la existencia de las murgas de otras ciudades y pueblos de Andalucía, Extremadura, Castilla. Investigación: Marita Fornaro Texto extraído de la Revista Transcultural de Música. Para actualizar, desde mi punto de vista, este buenísimo ensayo, debo decir que hoy en día las mujeres participan cada vez más de estas agrupaciones carnavalescas. Por otro lado, también hay que recordar que al día de hoy no sólo tenemos varios municipios gobernados por la izquierda, sino que cumplimos ya casi cuatro años de gobierno nacional frenteamplista.