lunes, 20 de octubre de 2008
De un andalú!
BIOGRAFÍA Lo mejor del recuerdo es el olvido... Málaga naufragaba y emergía... Manuel, junto a la mar, desentendido; yo era un niño jugando a la alegría. Ahora juego a todo lo que obliga la impuesta profesión de ser humano, y a veces, al final de la fatiga, enseño a andar palabras de la mano. Ser hombre es ir andando hacia el olvido haciéndose una patria en la esperanza; cuerpo a cuerpo con Dios se está vendido y a gritos no se alcanza. (Dentro de poco se dirá que fuiste, que alguien llamado así, vivió y amaba...) Ser hombre es una larga historia triste y un buen día se acaba. Desde mis veinticinco historias vengo. Nada me importó nada. Pero cualquier capítulo lo tengo miniado en letra triste y colorada. Un hombre hecho y deshecho os habla. Soy distinto cada año. Tengo un desconocido por el pecho. Sí. Miradme a los versos. No os engaño. Tengo el sombrío bosque de la frente esperando que llueva; mientras, el alma suena bajo el puente, y cuando el alma suena es que a Dios lleva. Vuelvo a andar el camino desandado y en mi paso resuenan las cadenas. Recuerda el corazón acostumbrado..., ¡qué buen fisonomista de las penas! Unas pocas palabras me mantienen: duda, esperanza, amor... Siempre me pierdo... Amor, duda, esperanza... Siempre vienen... La ilusión, si la he visto, no me acuerdo. Lo mejor del recuerdo es el olvido... Málaga naufragaba y emergía... Manuel, junto a la mar, desentendido; hubo una vez un niño en la bahía. Y hay un hombre de pie sobre mis huellas indefenso y sonoro, a ras del suelo, que se irá mientras hacen las estrellas propaganda de Dios allá en el cielo. DE MÍ, UNA GUITARRA Cuando yo me haya ido -qué triste que me vaya- de esta madera mía que me hagan una guitarra. Cuando termine la muerte, si dicen: "¡A levantarse!", a mí que no me despierten. Que por mucho que lo piense, yo no sé lo que me espera cuando termine la muerte. Que yo me conformo siempre, y una vez acostumbrado a mí que no me despierten. Para encontrarme conmigo vuelvo a salir a la calle, calle del tiempo perdido. Para encontrarme contigo estoy buscando en el suelo las huellas de su sonido. Para encontrarme con nadie me pongo a mirar arriba, ¡Auxilio, que Dios me ampare! Mis cuentas no están cabales: me falta una golondrina y me sobran tres cristales. Mira qué cosa tan rara: pasé la noche contigo estando solo en mi cama. En este día cualquiera párate a ver cómo canta, antes que me vaya fuera, mi corazón en tu mano y tu boca en mi garganta por la mañana temprano. Ponte a vivir como loco: ama, ríe, bebe, olvida. Puesto a vivir todo es poco por más que dure la vida. El mar no puede morir, se quedará navegando aunque no haya nadie aquí. Si otros no buscan a Dios yo no tengo más remedio: me debe una explicación. No digo que sí o que no. Digo que si Dios existe no tiene perdón de Dios. No digo que no o que sí. Digo que me gustaría que Él también creyera en mí. Yo no le guardo rencor. Si le encuentro alguna vez nos perdonamos los dos. Mi pobre tierra no puede darme lo que estoy buscando. Nadie da lo que no tiene. Yo no culpo a Andalucía, sé muy bien que a su esperanza le pasó lo que a la mía. Averigua quién te dio esas ganas de morirte. Ha tenido que ser Dios. Ha tenido que ser Dios un día que estaba triste. No tiene otra explicación. Manuel Alcántara